martes, 30 de marzo de 2010

Madresiringa (Novela inédita de Eloy Añez Marañón)


En el anterior blog, publiqué un extracto de lo que es el proyecto de novela que estoy escribiendo, intitulada MADRESIRINGA (Hevea), una novela que tratará de combinar ficción con hechos históricos sucedidos en el Territorio Nacional de Colonias (hoy Departamento de Pando-Bolivia. En esta mezcla de ficción-realidad-historia, se moveran personajes como Hevea (Madresiringa), el Padre de la Selva, el dios Tigre, etc. Mito, leyenda e historia. Aquí otro extracto.
(Madresiringa-acrílico sobre tela/2008)
3
Madre e hijo


- El niño, doctor, hace días que no quiere comer nada de nada, no deja de llorar y de llamar a su papá- dijo la mujer entre sollozos- parece como si tuviera “tiricia” por su padre.
- De acuerdo a lo que usted me cuenta, doña Élida, yo también creo que debe ser eso. Donde está su marido?
- En la barraca Filadelfia, se imagina, mas allá de Porvenir, lo destinaron de profesor y sólo vendrá para las vacaciones de junio…
- Que va hacer entonces?
- Tendré que llevar al niño como sea hasta donde está su padre, tengo miedo de que se me ponga más malito todavía.
- Lo malo es que para Porvenir no hay previsto que salga algún carretón hasta la próxima semana.
Doña Élida no lo pensó dos veces, cogió al niño, preparó una bolsa con “tapeque” suficiente para el viaje hasta Porvenir; ropa y agua, un machete bien afilado y partió tras despedirse de su hermana y encargarle el cuidado de sus demás hijos.
Recibió el consejo de una vecina para que tuviera cuidado de no encontrarse con los “guerrilleros” que según se decía, escapaban por esa zona de la persecución del Ejército boliviano para cruzar la frontera con Brasil. “Esos rojos” como los llamaba el gobierno militar que gobernaba tras aun golpe de estado.
La mujer caminó siete días y seis noches hasta llegar a Porvenir, población donde le regalaron pan, un poco de charque de carne del monte, fariña de yuca, tabaco y papeliños para los cigarros fuertes que precisaría fumar para espantar los mosquitos y las serpientes venenosas.
- Don José va mañana a Cachuelita, por qué no le pide que la lleve? - le dijo una buena mujer mientras le servía un vaso de chicha.
Así lo hizo. Día y medio más de viaje en carretón halado por dos robustos bueyes por un camino estrecho y lleno de fangos, a veces arenoso y otras de arcilla y greda.
Llegaron a Cachuelita, a orillas del río Tahuamanu. Dos casuchas lo formaban, unos niños que jugaban alrededor de unos adultos que saludaron a los viajeros.
- Como está don José
- Bien, Pedro, aquí estoy de nuevo por acá. Esta es doña Élida, viene de Cobija y va a Filadelfia. Es la mujer del profesor Ibáñez- les dijo.
Mas tarde, mientras conversaban amenamente alrededor de una hoguera después de la cena, tomaban un café y fumaban un poco.
- Mañana, al amanecer la cruzaré en canoa. Descansen.
Esa noche Élida soñó con su marido, el profesor rural y ex combatiente de la Guerra del Chaco que enfrentó a Bolivia con Paraguay en 1932-35.
Ibáñez había dejado la carrera militar para dedicarse a enseñar a leer y escribir a los niños de aquel confín del mundo. Años después, cuando murió pobre y olvidado, uno de sus hijos escribió en su lápida el siguiente epitafio: “Aquí yace un hombre que fue soldado en tiempos de guerra y maestro en tiempos de paz”.
Hacia tiempo que no lo veía. Cómo estará? Delgado? Gordo? Con barba o sin ella?. Acaso tendría una “querida”?
Se despertó para no pensar mal de su marido. Ella estaba segura que él aún la amaba a pesar de su pasado militar y de varios hijos “regados por ahí”. Además, tenían seis hijos en común.
- Pai... pai...- lloraba el niño de vez en cuando- quiero a pai…
El canto de un gallo, el aroma del café recién hecho y de pan de arroz recién asado, la hicieron despertar.
- Tómese un cafecito- le dijo la mujer que soplaba con un abanico el fogón a leña, mientras le servía directamente del tacho, el café recién colado.
Don José se aproxima, toma un pan de arroz, se sirve un caneco de café.
- Cuando Ud. Disponga, la cruzo el río.
Élida asintió, alzó en sus brazos al pequeño que aún dormía y se encaminó a la orilla del río. Al otro lado de la ribera le esperaba una larga jornada de viaje por un camino que angosto, trillado por carretones algunas veces y otras sólo bueyes de carga. Estaba semicubierto por ramajes y casi desaparecido.
Iba a subir a la pequeña canoa cuando se oye el ruido del motor fuera de borda de una embarcación, que lentamente, río abajo se aproxima al puerto, venía cargado de bolachas, un hombre semidesnudo que lo guiaba, un perro flaco que ladraba todo el tiempo y una mujer con cara de niña sentada entre plátanos y yucas.
Atraca junto a la canoa de don Juan – Buenos días Juan, buenos días señora.
- Que tal Roberto, de donde venís?
- De Filadelfia
- La señora va para allá, es la mujer del profesor Ibáñez
- Estuve con él hace una hora. Así que va para allá, señora?
- Si, es que el niño se puso malito, tiene tiricia, solo pide ver a su padre.
- Lástima que voy hacia Puerto Rico, sino la llevaba ya mismo.
- No se preocupe.
- María- dirigiéndose a la mujer con cara de niña que le acompañaba- dale a la señora una penga de guineo para el niño.
La mujer con cara de niña esbozó una sonrisa amigable y le entrega un racimo de los suculentos y maduros bananos y vuelve a su posición inicial en la embarcación. El perro seguía la escena moviendo la cola y de vez en cuando, emitía un ladrido que parecía más un quejido en esa inmensidad de la selva.
- Bueno, nos vamos, que se nos hace tarde, ya que pienso hacer algunas compras en Porvenir.
- Que tenga buen viaje- responde don Juan.
La embarcación inicia nuevamente su desplazamiento por las amarillentas aguas del Tahuamanu, río abajo, desapareciendo en la siguiente curva.
Una bandada de loros cruzó el cielo que empezaba a iluminarse con los primeros rayos del sol.
Élida, tras despedirse del buen hombre que le cruzó en su canoa a la otra orilla del río, aspirando el aire matinal, mira aquel camino semicubierto de ramajes de los árboles y que se adentraba en la selva. Sin dudarlo, levanta al niño en sus espaldas, con el machete en la mano empieza a abrirse camino, mientras el niño balbuceaba –quiero a mi pai, quiero ver a pai…-
El niño en la espalda se queda callado unos instantes. Sus pequeños e inocentes ojos dirigen su mirada hacia un lado de la senda que servia de camino para llegar a Filadelfia.
Esa fue la primera vez que sus ojos se encontraron frente a frente. El jamás olvidó esa mirada misteriosa que entre los árboles seguía los pasos de una madre y su niño en medio de la maraña de la selva.
El vuelo de una perdiz entre los ramajes le hicieron volver la mirada, cuando buscó los ojos misteriosos, no los encontró, solamente un vacío y el consiguiente ruido del machete que Élida manejaba con maestría.
Por fin Filadelfia asomó a los ojos de la mujer. Era una barraca o centro gomero, que según la historia, fue el primer barracón que unos intrépidos hermanos siringueros levantaron dando inicio a la explotación del caucho en las lejanas tierras bolivianas del Territorio de Colonias.
Unas cuantas casas humildes, dispersas, de la que sobresalía una, donde estaba la escuela que una vez sirvió de casa del patrón, el industrial gomero Nicolás Suárez, propietario de la empresa Hnos. Suárez y Cía. y cerca de ella, una mas pequeña, la del profesor Ibáñez.
Delgado, alto, tez blanca, ojos azules, con un bigote fino; aunque vestía de civil, aún conservaba el porte militar que dejó tras la Guerra del Chaco. El profesor Ibáñez se encontraba en esos momentos frente a una vieja y roída pizarra y tras suyo, varios niños, unos ya adolescentes, atendían con curiosidad las explicaciones de historia de la clase correspondiente.

Eduardo soltó un suspiro al recordar aquel momento cuando siendo niño corrió a los brazos de su padre, a quien extrañaba en la distancia, a tal punto de sufrir nostalgia de él y hacer que su madre, aquella mujer de tez morena que siendo joven era hermosa y que a pesar de los años aún conservaba fuerzas y belleza, lo llevara, machete en mano, a la espaldas a veces y otras en el hombro desde Cobija hasta la barraca Filadelfia para que lo vea y se cure del mal de tiricia que padecía.
Su permanencia en la barraca junto a sus padres después de tanto tiempo nunca se le borró de la mente, aún en esa hora crucial, cuando sentía el abrazo de la muerte junto a la mujer que amo por siempre jamás.

El ¡Tam! ¡Tam! ¡Tam!... de un viejo tambor y el bullicio de niños que cruzaban corriendo hacia la escuela, despertaron a la madre y al niño que dormían plácidamente después de una noche de reencuentro, caricias y besos. Ella sonrió y siguió durmiendo. Estaba agotada del viaje y bien se merecía un buen descanso.

Años después Eduardo aún se recordaba de su primera travesura y el primer regaño de su padre. “Resulta que el tambor, aquél viejo tambor, de cuero destemplado… era la campana de mi padre para llamar a clase a sus alumnos y para que se vayan a dormir al despuntar la noche, así como para enseñar la clase de música- solía contar Eduardo a sus amigos- un día me puse a tocarlo con tanta fuerza que lo rompí ante la algarabía de los otros niños de su edad y el consiguiente enojo de mi progenitor.
“Mi padre estaba furioso conmigo. Cómo no estarlo si le había dejado sin su instrumento didáctico…pero me perdonó, ya que a pesar de su carácter rudo forjado en el Colegio Militar donde estudiaba y en las trincheras del Chaco, tenía un corazón tierno”.

-También jamás olvidaré mientras viva, uno de los momentos mas inolvidables mientras estuve con mi padre en Filadelfia- le decía años después Eduardo a unos amigos mientras compartían una cerveza en un bar de Cobija.
- Que pasó?
- Mi padre me llevó a pescar al río Tahuamanu. Resulta que un pez de considerable tamaño “picó” el anzuelo de la liñada que yo tenía agarrada y comenzó a jalar con fuerzas arrastrándome hacia el río. Mi padre al ver esto, corrió a tiempo para agarrarme antes de que cayera al agua. Fue un gran susto, pero también nos provocó mucha risa esta anécdota.
Pasado un tiempo y mis padres viendo que ya estaba curado de mi “tiricia”, que me había llevado junto a mi madre hasta esa barraca, se decidió que debíamos volver a Cobija, pero que en esta ocasión, debíamos ir hasta Puerto Rico, otra antigua barraca que se había convertido en población civil, para que desde allí, vía aérea, viajemos a Cobija.
Aprovecharíamos el viaje de una partida de bolachas en una lancha que iba para Nacebe, otra barraca de los Hnos. Suárez y Cia., cerca de Puerto Rico.
- Le estoy enviando una carta al compadre Floriano para que interceda junto al Sr. Valverde ante el Subprefecto para que los embarque en un avión del LAB hasta Cobija- dijo mi padre.
Partiríamos al amanecer, por lo que me fui al puerto a ver como preparaban la lancha y las bolachas que serían transportadas hasta Nacebe.
“Era un espectáculo ver rodar las bolachas de goma desde el barranco del río y ser amarradas unas junto a otras en fila, flotando en el agua iban formando algo parecido a una serpiente desplazándose por las aguas amarillentas del Tahuamanu.”

MADRESIRINGA (Fragmento)

(Novela inédita de Eloy Añez Marañón)

1
La leyenda

Ella sintió el gélido beso del cuchillo recién afilado por él, ese al que día tras día amó desde el principio de la creación, cuando lo vió por primera vez aquel lejano abril, allí, en ese camino que llevaba a Filadelfia, cuando él era aún niño.
Lo miró sin rabia a pesar de la traición que sufrió de parte de él. Sintió que el minuto final estaba cerca. Le murmuró “te amo” y lo abrazó, sabía que aquel abrazo significaba la unión eterna.
El, presintiendo, comenzó a golpear una y otra vez aquel cuerpo que mas de una vez disfrutó en lo más intenso del libido humano. Sus manos apretaban el arma que una y otra vez penetraba en el blando cuerpo del que en vez de sangre, emanaba látex, que para su desesperación, lo iba cubriendo y envolviendo a pesar de su intento por zafarse de ella.

- Compadre Felipe!... Venga rápido- gritaba desesperada la mujer, que llevando un niño en los brazos, llegaba corriendo a una de las casas que conformaban la barraca gomera, a orillas de un caudaloso río.
- Que pasa comadrita- saliendo de la casa y con una escopeta en mano, el hombre recibía a la mujer. De las casas vecinas, que no eran más de cuatro, comenzaron a salir otras personas.
- Compadrito, algo raro está sucediendo en el siringal, desde hace una hora que no dejan de oírse gritos de dolor y bramidos, su compadre no ha vuelto de la recogida de la leche y nuestro perro llegó ladrando asustado, con el rabo entre las piernas y se metió debajo de la cama y no quiere salir de ahí. Tengo miedo, compadre, mucho miedo…
- Cálmese comadrita. Vamos para allá- dijo el hombre y otros le siguieron, llevando machetes y sus escopetas.
La comitiva llegó hasta el pahuichi de la mujer, donde dos niños esperaban asustados.
- Escuchan?- murmuró la mujer- esos bramidos y griterío que vienen del siringal? Parece como si estuvieran peleándose dos tigres!!! Tengo miedo por Eduardo que está por ahí…
- Es verdad. Virgen María Purísima!!!- santiguándose, el hombre ordena a sus acompañantes que lo sigan – hay que ir a ver que pasa y buscar a mi compadre “Dardo”, Ojalá no le haya pasado nada malo.
Los hombres se preparan para adentrarse en el monte, con dirección a la estrada del siringal desde donde provenían ruidos extraños, con cierto misterio y olor a muerte.

Ella buscó entre los árboles a aquel hombre viejo que un día la recogió debajo de un árbol de siringa cuando su madre, desesperada, la abandonó al nacer. Sus ojos se cerraban cada vez mas, presentía que era el final, pero quería ver al Padre de la Selva.
- Padre!!!- gritó y sólo el volar de loros y el griterío de monos silbadores entre los árboles fue la respuesta que recibió.

viernes, 26 de marzo de 2010

REVISTA CATALINA DE BARCELONA (EDICION DE MARZO DE 2010)





Esta es la Revista Catalina que en su número de marzo publicó la entrevista que me hicieron en ocasion de la exposición de pintura que realizo en Barcelona con la temática de la extracción tradicional de la siringa (Hevea brasiliensis) o caucho en el Dpto. de Pando, leitmotiv de mis obras pictóricas.

NOTA PRENSA FEDELATINA SOBRE EXPOSICION ELOY AÑEZ


Exposición de Eloy Áñez. El pintor de los siringueros
Publicado: 2010-02-05 00:00:00
Noticias

Inauguración 25 de febrero, a las 19:00h, en la sala de exposiciónes de Fedelatina

Un pintor boliviano en el país de Miró y Dalí

Eloy Áñez Marañón, pintor nacido en la selva amazónica boliviana y residente en Santa Perpetua (Barcelona), es la más nítida manifestación del triunfo de la labor tenaz de un inmigrante en su otra patria. Aunque pictóricamente es heredero del cubismo picassiano, lleva en su alma los colores, sabores y sonidos de la selva y los plasma en cada uno de sus cuadros. Eloy es el pintor de los siringueros, los recolectores y preparadores del caucho de la selva de Pando (Bolivia), porque sus cuadros reflejan no sólo los trabajos y costumbres de ellos, sino sus más profundas almas.

Para mí, que lo conocí hace más de veinte años en la capital pandina de Cobija, cuando ya empezaba a destacar su pintura, lo más impactante de sus cuadros son sus colores: ese multifacético verde que todo lo impregna, esos rojos vivos que expresan tanta vitalidad, esos amarillos y naranjas del sol selvático y sus cielos tropicales…. ¡Es como si la bandera boliviana se reprodujese en miles y miles de selváticas expresiones pictóricas!

Pero lo que más me impresiona de Eloy es su perseverancia, tesón y empeño en perfeccionar su arte y transmitir a sus nuevos paisanos, los catalanes, la vida hecha color, de su natural patria primera. Es por ello que lo veo como un ejemplo y una motivación para todos los demás inmigrantes, pues sin dejar de ser lo que es y de donde es, se ha integrado en Cataluña hasta llegar a aprender su lengua y sentir sus colores.

*José Antonio Martínez Díez Profesor y Educador Social, autor del libro “El cristiano ante la inmigración”, PPC 2008.

"EL PINTOR DE LOS SIRINGUEROS" (ENTREVISTA A ELOY AÑEZ EN LA REVISTA CATALINA DE BARCELONA)


Entrevista realizada por el Director de la revista Catalina de Barcelona a Eloy Añez y publicada en la edicion de febrero-marzo de 2010

El pintor de los siringueros
Autor: Sergio Andreo - Fecha: 10/03/2010

Nacido en Pando, en la región amazónica boliviana, Eloy Añez es un artista que se inició en la pintura a través de su admiración a Picasso. Un cuarto de siglo después logra hacer realidad su sueño de mostrar fuera de su país la dureza de la labor de los trabajadores del tradicional oficio de su pueblo: los recolectores de caucho, una actividad que ha sufrido una gran decadencia, y lo hace en Barcelona, donde reside desde hace ocho años. Eloy Añez se define como un pintor autodidacta, que aprendió el arte leyendo libros que le llegaron desde Europa. También recuerda que su primera exposición tuvo la crítica de un historiador que lo acusaba de pintar cosas que no había visto, cosas europeas. “Me dolió mucho en ese momento, pero también me hizo reflexionar y entonces dije ‘¿por qué no hacer de lo local algo universal?’, y desde ese momento decidí mostrar el arte pandino en donde me encuentre, desde una visión alejada del arte típico y folclórico, pero sí de contenido social, artístico y cultural reivindicando la lucha, el esfuerzo, los sueños y las esperanzas del hombre amazónico, siringuero, castañero y de defensa de la naturaleza y de los indígenas de esa parte del territorio boliviano. Así surgió el tema del caucho en mis cuadros. Hago otro tipo de obras, pero esta me motiva más” nos comentó el artista, a modo de presentación, antes de inaugurar su muestra en la sede de Fedelatina.

¿Como se recolecta o produce el caucho?

Rayando o haciendo una incisión en el árbol de siringa que produce látex, la savia, y es esa savia la que se recolecta en un recipiente a la que luego se le hará un proceso de ahumado con leña verde para que coagule. Ese era el método tradicional, el que yo muestro en mi obra.

¿Cómo se muestra esto, o los siringueros, a través del óleo?

Los pongo en personajes, tal vez ausentes, pero que siempre están presentes: el mito y la leyenda. Por ejemplo tenemos la leyenda de la Madresiringa, que es una mujer que protege los árboles y le da producción al siringuero que se porta bien, pero al que se porta mal lo castiga. Está también el mito de la flor de patujú, la heliconia, una flor muy representativa del departamento de Pando. Hay una creencia de la gente que dice que la mujer que está embarazada no coge esta flor porque el bebé le saldría mujer. Una creencia machista, pero que tiene que ver con la incorporación del hijo varón a los procesos de producción del caucho. Entonces yo muestro esa parte, el esfuerzo, la labor de hacer la bolacha (esa masa de caucho en bruto, tal como se cuaja una vez extraído el látex), el rayado, el transporte, y lo muestro a mi estilo. No lo hago típicamente, lo que sería un hombre trabajando. Reivindico la tradicional recolección del caucho. Un oficio en extinción… Su auge estuvo en las primeras décadas del siglo XX, en 1902 la posesión del caucho llevó a dos pueblos hermanos, Bolivia y Brasil, a una contienda bélica, la Guerra del Acre. A mediados de ese siglo comenzó a bajar la producción de caucho y ya en 1984 no hubo más mercado en Bolivia porque dejó de ser natural y comenzó a producirlo el este asiático. Así fue que se produjo la emigración de la gente del campo a la ciudad, con sus consecuencias lógicas. Hoy en día, tras la caída del precio del caucho en el mercado internacional, sólo quedan las huellas de una época quimérica que significó mucho para los pueblos amazónicos de América del Sur.

En Brasil la producción del caucho tuvo formas de esclavitud ¿cómo fue en Bolivia?

Cuando se dio el auge del caucho pasó también en Bolivia, el siringuero nunca fue dueño de su propia producción. Produce para un patrón, para pagar una deuda que se convierte en interminable. La esclavitud existió y también se exterminó a gente de tribus indígenas por el caucho. En Brasil está el caso de aquellos tiempos en los que luchaba Chico Méndes, un dirigente sindical que defendía el bosque siringuero brasileño, yo tuve el gusto de haberlo conocido y de haber participado con él mostrando mi trabajo.


jueves, 25 de marzo de 2010

BIOGRAFIA DE ELOY AÑEZ MARAÑON

Exposicion en el Casal Llatinoamericà FEDELATINA en Barcelona (febrero-abril de 2010)






ELOY AÑEZ MARAÑON

Pintor autodidacta, nacido el año 1966, en Pando (Bolivia).
Desde 1986 expone sus obras, principalmente las de temática de la siringa (hevea brasiliensis). Expuso en Cobija, La Paz, Sucre, Santa Cruz (Bolivia), Río Branco (Acre-Brasil); Santa Perpetua, Madrid, Barcelona, L`Hospitalet y Sabadell (España). Reside en Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona).

EXPOSICIONES REALIZADAS

Individuales:

H. Alcaldía Municipal de Cobija (1986)
Alianza Francesa (La Paz-1987)
Instituto Americano AMERINST (Cobija-1987)
Universidad Federal del Acre UFAC (Río Branco-Acre-Brasil-1988)
Comité Cívico de Pando (Cobija-1989, 1990, 1991)
I Festival Nacional de Cultura (Casa de la Libertad-Sucre-1992)
Espai 2 La Granja (Santa Perpetua-2005)
Centro Hispano Boliviano (Madrid-2007)
Sede UGT-Catalunya (Barcelona-2008)
Espai 2 La Granja (Santa Perpetua-2008)
Centre Cultural Santa Eulalia (L`Hospitalet-2009)
Casal Llatinoamercà FEDELATINA (Barcelona -2010)
Casa de la Cultura "Hnos. Torrico" (Cobija-2010)
Parc Taulí (Sabadell- 2011)
Casal Pere Quart (Sabadell-2011)

Colectivas:

Comité Cívico de Pando (Cobija-1990)
Parlamento Nacional (La Paz-1998)
Palacio Chico (La Paz-1999)
VIII Bienal de Arte Boliviano Contemporáneo (Santa Cruz-2000)
Homenaje a Picasso (Santa Perpetua-2006)
FirArt `09 (Santa Perpetua 2009)
FirArt`10 (Santa Perpetua 2010)
FirArt`11 (Santa Perpetua)
Rambla d`Egara (Terrassa)
Sala Julio Romero de Torres (Centro Andaluz Terrassa-2011)

miércoles, 24 de marzo de 2010

Mis obras pictóricas

Personatge amb bolachas y tichela (Òleo sobre tela)



La noia del siringal (Àcrilico sobre tela)

Figura siringuera (Àcrílico sobre tela)
Fill de siringa (Àcrilico sobre tela)
La noia groga (Àcrílico sobre tela)
Cleopatra o la noia de les banderes sense bandera (Òleo sobre tela)

Tichelas (Òleo sobre tela)


Colocando la tichela (Àcrilico sobre tela)

El regreso (Òleo sobre tela)

Siringuer (Àcrilico sobre tela)
El rayado II (Òleo sobre tela)


Sentimiento Pandino (poemas)

Obra: Tichelas (Òleo sobre tela 2010)



Evocación

Te recuerdo, tierra mía
desde la distancia,
desde los regazos de la Madre Patria,
desde el pueblo
que me acoge en España.

Es verdad, partí de ti
dejando atrás tus selvas
tu gente, tus calles
mis amigos,
mis hermanas y mi madre,
porque me quedabas ya pequeña, tierra mía
y me vine al Mediterráneo
que sin embargo, se me hizo grande y ajeno.

Es verdad que me fui de ti
pero un día volveré
(no sé si como un conocido
o como un extraño),
a caminar por tus calles
a mojar mis pies en el Acre
(estos pies que ahora mojan
las olas del Mediterráneo)
a beber agua del arroyo Bahía
a respirar tu aire puro
y limpio como agua de mayo.

(Santa Perpetua (Barcelona) 14/11/06





Lejanía

Estoy lejos de ti, tierra mía,
me separan de ti un Oceano
y miles de kilómetros en avión,
pero en mi pecho mi corazón
late por ti
vive por tí
y mis manos
te buscan para acariciarte
y tu nombre brota de mis labios.

Añoro tus calles
tu gente humilde
a mi madre sublime
que espera y sabe
que un día volveré,
no importa cuándo
no importa cómo,
pero volveré.

Estoy lejos de ti, tierra mía
y sin embargo la lejanía
no es motivo para olvidarte.
Mas allá de la distacia
del espacio y del tiempo
te recuerdo, Cobija mía.

(Santa Perpetua (Barcelona) 24/7/08



Sentimiento cobijeño

Cobija
Lo que siento por ti,
Es algo inexplicable
Solo comparable
Al amor sublime de una madre.

Son imborrables en mis recuerdos
tus palmeras,
tus calles y casas humildes.
Cómo olvidar tu gente
(mi gente).
Cómo olvidar el sabor del mucunsá
del majadito y del masaco.
Cómo olvidar el pan de arroz
las humintas y los tamales
la chicha y el refresco de copoazú.

Cómo no recordar
tus tardes crepusculares
tus noches estrelladas
la compañía de los amigos
en la plaza
en el buri
en el Bahía o en el Acre.

Lo que siento por ti, tierra mía,
nada lo iguala.
Nada me hará olvidarte,
ni siquiera la distancia.

(Santa Perpetua (Barcelona) 24/7/08



Oda al Pan de arroz

Naces del esfuerzo de los brazos
que muelen arroz en el tacú.
De las manos que primero
te hacen masa y te mezclan con levadura,
que te envuelven en hojas de plátano luego
y una vez “maduro”
te espera el horno caliente
para dorarte;
y recién asado,
ser alimento
y esperanza económica
del que te hizo.

Pan de arroz, pan de arroz.
Cuántas veces fuiste mi alimento
y la esperanza de mi familia!.
¡Bendito pan de arroz!

(Santa Perpetua (Barcelona) 25/7/08



Hevea

Lloras látex
cuando la cuchilla te rasga
y te hace sangrar
para que la tichela
reciba tus lágrimas.

El humo que sale del buyón
te coagula y te convierte en bolacha.

Ayer fuiste gloria y riqueza
hoy eres apenas olvido y añoranza.
Ayer el siringuero
recorría las estradas
iluminado por la poronga
hoy deambula por las calles
sin trabajo y sin dinero
que le permitan
llevar el pan para sus vastagos.
Ayer sus espaldas
llevaban a cuesta un marico
lleno de tapeque, tabaco y charque,
hoy solo tiene abandono
y es ignorado por aquellos que un día
se sirvieron de su sacrificio.

Por eso, sigue produciendo látex,
sigue persistiendo en estar ahí
esperando que un día
tu estrada sea reabierta
por el machete del siringuero
que vuelve a rayarte
para que tus lágrimas blancas
vuelvan a llenar sus tichelas
mientras te espera el buyón
para convertirte en bolacha.

(Santa Perpetua (Barcelona) 25/7/08

Heliconia

Tricolor de mi tierra
Símbolo de mi patria
Flor de mi selva.

El mundo te conoce como heliconia
Yo te llamo como te conocemos:
¡Patujú!
Sólo el pico del tucan
Te hace competencia en belleza y color.

(Santa Perpetua (Barcelona) 24/7/08


Añoranzas

Recuerdo tus ríos que serpenteantes
recorren tu territorio hacia el Amazonas
por donde se fueron tus riquezas
hacia Europa en forma de bolachas
marcadas con letras de sangre
de los pueblos indígenas y de los siringueros
sometidos por la ambición del patrón.

(Santa Perpetua (Barcelona) 26/7/08


Oda al siringuero

Levanta la cabeza
manten la frente en alto
no te avergüences de tu pobreza
ni la de tus hermanos.

Abre los brazos, esos brazos fuertes
y agarra con tus callosas manos la luna
porque tú te lo mereces.

Tú, aquel que ayer fuiste orgullo
y hoy solo eres abandono y olvido.

Tú, señor de estradas y siringales
Amo de la selva y de los ríos.
Tú, hermano siringuero
compatriota siringuero
coge tu cuchilla y tus tichelas
y raya el árbol de siringa
llena el balde con su savia
y conviértela en bolacha
con el humo del buyón.

Tú, alma humilde y serena
vuelve a caminar por las sendas del siringal
iluminado por la poronga del amanecer.
Raya, raya el árbol noche y día
que la selva es tu hogar
que el tigre es tu compañía
(aúnque te vigila escondido, como el patrón)
Se como él,
lánzate sobre el que te explotó
y te dejó sin tierra
en esta selva tan tuya
como de la sicurí
como del huaso y el jochi
como del patujú y el tucán.
Esta selva tan tuya como mía
Como de todos.

Desciende de la cruz de la ignominia
a la que te sometieron los del poder
los del tabaco y del alcohol.
Enfréntate con el mismo coraje
con que te enfrentas a la malaria,
Señor de las estradas y de las tichelas.

Enfréntate puño en alto
a todo aquel que te olvida
una vez que le das el poder.
al que permite que tu vida
valga menos que una Coca Cola.

Coge tu marico y llénalo de esperanzas
porque tú volverás a ser persona
y no esa sombra que busca en la ciudad
trabajo y pan para los tuyos.

Tú dejarás de ser objeto de feria y de mitin
cada vez que hay elecciones
y cuando necesitan de tu voto.

Hermano siringuero
tuya es la historia mas sublime y olvidada
tuya es la gloria del 11 de octubre de 1902
tuya es la flecha que sobrevoló el universo
para que esta tierra nuestra
no pase a manos de extraños y filibusteros.
Tuyo es el acto heroico que aún los libros
de Historia se niegan a ennoblecer.

(Santa Perpetua (Barcelona) 28/7/08




Sentimiento pandino (poemas inéditos)



Estos poemas son reflejo de mis sentimientos como un pandino lejos de su tierra al que un día volverá, tal vez como un conocido o un extraño, con la cabeza erguida o cabizbajo, pero si tengo la plena seguridad de que aquellos que un día dije adios, me abriran sus brazos para acogerme como una madre cuando el hijo vuelve de la escuela a donde va a adquirir conocimientos para un futuro mejor.
Soy de Bolivia, soy de Pando, soy Amazónico